Jorge Buzzo es una institución del kayak en Venezuela. Resulta toda una bendición que este argentino, que llegara por puro paseo hace 37 años al país, decidiera radicarse para nuestra fortuna; ya que ha dejado una importante huella en la práctica del piragüismo y en el turismo de aventura. No en vano el Festival Ascenso, de videos deportes y aventuras, le hizo un homenaje en su edición de este año.
Y es que son varias las razones que, en Mundo Náutico, nos llevan a sumarnos a la iniciativa de Ascenso, de reconocer el legado que Jorge Buzzo ha dejado en el país, luego de tantos años de aventuras extremas por nuestras aguas.
Actualmente tiene una fábrica de kayaks, bajo la marca Kayaman, donde trabaja duro todos los días para que cada día más venezolanos anden por ahí con sus embarcaciones de fibra de vidrio, un producto nacional con toda la calidad para ser exportado. Hace 25 años elevó internacionalmente el nombre de Venezuela, cuando logró unas hazañas bien resteadas: cosas como navegar en solitario desde La Guaira hasta Bonaire, donde fue recibido por todo lo alto, con rumba en una marina en su honor. Fue uno de los pioneros del rafting, al instaurar en pleno Amazonas la compañía de turismo de aventura «Expediciones Aguas Bravas», que se encargaba de inyectar todo su conocimiento y su adrenalina en una balsa a motor con cuanto turista ansioso por aventura se paseaba por esos lares. Los llevaba río abajo por los raudales de Ature del Orinoco. También representó a Venezuela en un campeonato mundial de rafting en Suiza, donde fue a competir con una balsa de Caribe Náutica, ganando el 1er lugar.
Sus primeros pasos en la navegación
Jorge Buzzo creció en Santa Teresita, ciudad balnearia a unos 300 kilómetros al sur de Buenos Aires, en Argentina. Allí practicaba natación en aguas abiertas y fue salvavidas en las playas durante muchos años; incluso fue uno de los promotores del sindicato de ese oficio en Buenos Aires.
En el año 71’, con 28 años de edad, se vino a pasear a Venezuela, pero se trajo sus pinceles por si acaso…, ya que Jorge era dibujante de oficio. Y fue haciendo una que otra cosita, fue logrando contratos grandes. Se fue quedando; hasta que nació su hijo Alejandro en el 74’, cuando finalmente decide quedarse y echar raíces. Montó un taller de anuncios gráficos, donde se hacían carteles y vallas luminosas.
Pero no es sino hasta el año 78’ cuando Jorge realmente incursiona en la navegación de aventura, cuando su primo, el argentino Lelio González Elicabe, un veterano de la motonáutica offshore, vino a Venezuela a participar en el rally «Nuestros Ríos son Navegables».
«Yo sólo los iba a ayudar, llevándolos hasta San Fernando de Apure. Y cuando los estaba despidiendo, mi primo me dijo, ‘para dónde te vas, si ahí tenés un puesto’. Sin pensarlo, brinqué y me monté en la lancha. Y bueno, desde entonces me empezó a gustar el río. Me tracé la meta de cruzar ese río nadando, pero un día encontré el anuncio de un señor que hacía kayaks y le compré uno, me parecía más seguro hacer la travesía remando que nadando, por temor a las famosas pirañas. Hice Higuerote-La Guaira para entrenar y conocer el kayak. Seis meses después, me lancé mi primera travesía: 800 kms a remo en 21 días, ríos Apure y Orinoco».
Reto «Recorrer Venezuela a puro remo» (y sin patrocinio)
Jorge es de esos aventureros que les gusta las cosas difíciles. Navegaba casi siempre sin radio, cartas náuticas o brújula. Con franela y sombrero de cogollo. Poca comida, y natural, sin barras de granola o bebidas energéticas. Lo de él era una ollita para hervir pescado, uvas pasas, y unos potajes que él mismo preparaba a base de granos y vegetales. «En una travesía de esas no se come mucho. Un poquito de miel, agua y la misma agua salada, agua de mar que te da energía, como cuando te tomas una sopa. Me di cuenta que con el agua salada se me iba el agotamiento», dice él muy convencido.
Y, aunque hizo varios trechos en compañía de un amigo, prefirió luego continuar la travesía en solitario, para ir a su ritmo y hacer las cosas a su antojo.
Se guiaba por las estrellas, las luces en las costas, y su intuición. Muchas veces le ofrecieron patrocinio, pero él no quería transformar su aventura en toda una maquinaria productiva, sino que se conformaba con que los medios «le pararan», como él mismo cuenta, al publicar cada detalle de su reto por Venezuela en muchas revistas, periódicos, programas de TV e incluso en el cine, cuando Tiuna Films existía.
En aquella época, la emisora Caracas 750 producía eventos deportivos y Germán Pérez Naim, entonces vicepresidente de RCTV y director de El Diario de Caracas, le ofreció apoyo a Jorge. «Me preguntó que qué necesitaba para rotular mi kayak, y yo le dije que nada más apoyo institucional, prensa», comenta Jorge, « y me acompañaban a donde iba. Me mandaban cámaras para todas partes». También recuerda (y su archivo lo confirma) que la revista Caza Y Pesca Náutica lo apoyó mucho en sus travesías, haciéndole un seguimiento reporteril exhaustivo de sus andanzas en muchas de sus ediciones.
En cuanto a dinero proveniente de su esfuerzo, comenta que «Una sola vez gané dinero fácil, y fue que un tipo, un millonario italiano, me retó cuando me vio llegar a Curazao en kayak. No creía que viniera de Venezuela remando y me dijo que si llegaba a Bonaire, me daría un cheque. Yo no tenía nada a perder. Al día siguiente, lo vi en la marina de Bonaire, donde me estaban esperando como parte de la culminación de una de mis etapas. El tipo sacó un cheque frente a la prensa y me lo entregó».
La aventura de recorrer la costa venezolana fue realizada en 4 etapas:
1982 – San Fernando de Apure – Puerto Ordaz (ríos Apure y Orinoco - 800 km - 21 días).
1983 – Puerto Ordaz – Tucupita – Delta del Orinoco – Macuro – Boca de Drago – Carúpano (600 km - 20 días).
1984 – Carúpano - Isla de Margarita – Puerto La Cruz – Higuerote-La Guaira (10 días).
La Guaira – Parque Nacional Morrocoy (200 km - 2 días).
Morrocoy – Curazao – Bonaire – Curazao – Aruba – Costa Colombiana – Punto Fijo (700 km - 20 días).
Algunos de los apodos de Jorge
«Chapaleo», en el servicio militar. Una comiquita argentina que era un buzo. Argentina
«El Vikingo Tropical» la revista Caza y Pesca.
«Navegante solitario», aunque no me gustaba mucho… porque es como de mala suerte en los mitos de navegación. Caracas 750
«Las curiaras tienen miles de años yendo y viniendo de un lado a otro. De manera que no somos los primeros en hacer estas grandes travesías como dicen por ahí últimamente»
Unas de las anécdotas que sobresalen de las tantas que nos contó para escribir este artículo, es el almuerzo que compartió en un barco atunero y las alucinaciones en solitario. «Unos pescadores me invitaron a subir al buque atunero. Se sorprendieron al verme en mi barquito, al ras con el agua, en contraste con el gran barco de ellos. Me sacaron una rampa y me subieron con la red con que halan a su pesca. Me dieron el uniforme de la tripulación y me lavaron mi ropa mientras almorzábamos con vino y todo. El capitán me mostró en el radar a Curazao, que estaba ya cerquita. Luego me bajaron, ellos siguieron hacia el Pacífico y yo remando a Curazao».
También relata que, luego de ver tanta agua a sus anchas y por tantos días, varias veces creyó ver animales raros y perder de vista el horizonte, situación que pudo superar rápido, al contrario de un enjambre de abejas que apareció de pronto en pleno mar abierto; «me quedé loco, estaba bien despierto, lo que hice fue quedarme inmóvil hasta que se fuera».
Hoy en día, Jorge Buzzo cuenta con 66 años. Ya no rema tanto como en sus años mozos por su delicada sensibilidad a la radiación solar, pero igualmente es un tipo súper activo y que deja a más de uno botao’ a la hora de nadar en aguas abiertas y remar en alto mar. Planea competir este año en el cruce del Orinoco a nado, para lo cual está entrenando 3 veces a la semana y, como siempre, alimentándose súper bien, con unos preparados tipo Popeye que él mismo hace y toma en los almuerzos. Una suerte de merengada explosiva a la que le echa desde rábano y jugo de naranja, hasta caldo de pollo, espinacas y berro. Está casado con Claudia, la propia fan enamorada, que se fijó en él cuando entrenaba en la piscina del colegio Gustavo Herrera en Chacao. Y tiene a su sucesor Alejandro, más hijo de él imposible, aventurero de alma y descendencia innegable, con 34 años uno de los máximos representantes del piragüismo en Venezuela. Ha sido campeón suramericano de kayak y hoy en día tiene un campamento de rafting en Barinas. (Alejandro es hijo de Antonieta, su primera esposa).
Con un cuadro de vida como éste, amado y respetado por familiares, empleados y amigos, se puede decir que Jorge Buzzo es un hombre satisfecho y agradecido con la vida, quien no aspira hoy en día más que la práctica del piragüismo crezca en Venezuela y que su equipo de kayakistas «Kayaman» salga a ganar las competencias, representando su nombre y su marca, con la sabia humildad que siempre lo ha caracterizado, dentro y fuera del agua.